Zero Consulting
Justo antes de morir un viejo pastor legó a sus hijos su exiguo rebaño de ovejas: la mitad para el primogénito y un tercio para el menor. Pero… ¿cómo repartir así 5 ovejas? ¡Ay! ¿Qué hacer? ¿Cómo liberarse de un problema así? ¡Pues consiguiendo que no sea un problema propio, sino una tarea de otros; consiguiendo que expertos consultores se ocupen del asunto!
Dicho y hecho: los primeros consultores contratados sugirieron que un reparto de 3 y 2 ovejas resultaría lo más apropiado, y aportaron estadísticas sobre la posible satisfacción de padres muertos con tales repartos. Los siguientes consultores decidieron que lo mejor sería trocear a las ovejas y repartir la proporción legada por el estricto criterio del peso, y aportaron baremos ponderados que avalaban esta opción. Los siguientes consultores opinaron lo mismo, pero sostenían que primero habría que matar a las ovejas. No encontrando una solución emocionalmente satisfactoria, los hijos probaron con consultores alternativos: los documentalistas se perdieron primero en la definición de “oveja legada”, y luego de “un medio”; los tecnólogos de nuevo cuño encontraron hasta siete razones distintas para crear redes sociales con el dinero obtenido de la venta de las ovejas; los consultores de ZAP no se presentaron, y a los de Mikroloft les pareció que el balido de las ovejas se asemejaba demasiado a la huella fonética de Gooooooble; por último, a Pauhlo Coeeeehlo el asunto le pareció poco cósmico, aunque aprovechó la experiencia para escribir 2.345 artículos sobre los problemas de comunicación entre padres e hijos que no leyeran al mismo autor, contados por un monje zen siempre rodeado por 5 ovejas.
Así que… ¡Ay, de perdidos al río! Ante tamañas insatisfacciones y desazones, los hijos decidieron probar aquello en lo que nunca habían creído y que habían jurado que jamás pagarían: Zero Consulting. Al día siguiente apareció un consultor que con voz lenta les dijo: “Señores, el problema no importa en sí mismo: lo que importa es la actitud para abordarlo. Túmbense a mi lado que vamos a concentrarnos en…”, y no pudo decir más, porque los hermanos se dieron cuenta de que se trataba, otra vez, de Pauhlo Coeeehlo disfrazado y lo echaron de su casa con prisas razonables. En fin: esa misma tarde el auténtico consultor Zero se presentó con ropa cómoda y sin corbata (venía justo de una reunión en Gipuzkoa) y con una pequeña oveja atada a un cordel, y les dijo: “Señores, el problema no importa en sí mismo: lo que importa es la actitud para abordarlo…” –y cuando vio que los hermanos cogían algunas armas y objetos punzantes (todavía escamados por el asunto Coeeehlo) rápidamente añadió: “así que vengo a regalarles esta oveja”. “Y seguidamente” –prosiguió– “vayamos al problema: ahora contamos con 6 ovejas, de las que corresponden la mitad al primogénito (3 ovejas) y un tercio para el hijo menor (2 ovejas); así que, después de repartir justamente el legado de su padre, les sobra una oveja, que es precisamente la mía (y aquí los hermanos entendieron por qué esta oveja era tan pequeña), así que, si les parece bien, dado que la aporte con buena voluntad y ahora les sobra, podría quedármela y así no me deberían ningún favor”.
Los hermanos quedaron maravillados de la sabiduría del consultor Zero, así que se dispusieron a acompañarle a la puerta de su casa y despedirle entre grandes elogios, cuando el consultor remarcó suavemente: “Parece que se olvidan ustedes de mi pago”. Los hermanos simularon no haber oído nada y empujaron, firme pero también suavemente, al consultor hacia la salida, mostrando a la vez ademanes de prisa y signos visibles de sueño profundo incipiente. Pero el consultor Zero, tal vez esperando el sueño y las prisas, colocó a la pequeña oveja entre el marco y la puerta, forzando así la conversación. “Miren” –les dijo, sonriendo– “mis honorarios son un sexto del caudal total tratado, pero… aquí son cinco ovejas, lo que troca difícil la partición; y teniendo en cuenta una proporción media, yo diría que las cabezas representan la sexta parte del volumen de cada oveja, por lo que podría considerarme pagado con cinco cabezas de oveja”. Oh, dios mío, pensaron los hermanos: hemos repartido bien para dividir mal. Pero rápidamente el consultor Zero les ofreció una salida: “¿Qué tal si les vendo esta oveja… por un precio razonable? Seguidamente, con 6 ovejas en su poder, podrían pagarme un sexto devolviéndome exactamente la pequeña y ruin oveja que les he vendido, por lo que su patrimonio ovejero no disminuiría y, a la vez, me pagarían en razón del precio de una oveja… cuyo tamaño no les importa, porque no se la van a quedar, así que espero un precio más que razonable”.
Tras una breve consideración, los hermanos consideraron justa la proposición y cerraron el trato, así que el consultor Zero volvió a su empresa, devolvió al becario a su pradera y guardó (y lavó) el traje de oveja para que estuviera en condiciones en su próximo proyecto. Es cierto, con todo, que los hermanos, una vez liberados de la –fuerte– influencia electromagnética del consultor Zero, recabaron que la solución adoptada había sido la misma sugerida por los primeros consultores; pero también asimilaron que la diferencia aquí es que se habían cumplido exactamente, sin interpretación, los deseos de su padre, que al fin únicamente habían sido cambiados por dinero, sin que el resto del patrimonio o de la autoestima personal de los hermanos sufriera merma alguna. Además, finalmente habían decidido atar y engordar a Pauhlo Coeeeehlo, demasiado insistente en sus últimas visitas inesperadas a la casa familiar, por lo que pensaron que el balance había sido… ¡Zero! Positivo, al fin (al menos en parte: negativo también, pero sobre cero… ¿qué más da?)
Ja,ja,ja…
Buenísimo. Pauhlo Coeeeehlo está retratado magistralmente, como sólo Ricardo sabría hacerlo.
Tengo que admitirlo: Ricardo Devis es único y excepcional. Me declaro fan sin condiciones de Ricardo Devis.
Comentario por Consol Agulló — Diciembre 10, 2007 @ 10:03 am
Lo que me he reído
Buenísimo.
Ps: Por cierto, espero que tengas el disfraz de oveja ya seco por que el Lunes hemos quedado con otro cliente.
Comentario por Raúl — Diciembre 10, 2007 @ 1:24 pm
Félicitations mon cher Ricardo !
J’ai beucoup ri .
Le troupeau de consultant pourrait-il être complété par … Gaaaaartner ?
Comentario por René — Diciembre 11, 2007 @ 5:48 am
¡Zorionak por el texto Ricardo!
… eso sí …
¡Qué manera de explotar a un becario!, no solo se encarga del trabajo sucio sujetando la puerta sino que seguro que para que no le descubran tiene que comer hierba disfrazado de oveja, por no comentar como puede ser la relación con las demás ovejas mientras se resuelve el problema. Busquemos una mejor solución …
El Consultor Zero debió recomendar a los hijos de los pastores que comprasen entre todos otra oveja (como inversión) para realizar el reparto sobre las 6 ovejas respetando al padre.
Luego utilizar la leche de la oveja sobrante para alimentar a Paulo Coelho y con la lana de esta oveja podemos hacerle ropas para que no enferme y tengamos que atiborrarlo a pastillas y antibióticos (la ropa se la hace el propio Coehlo). Si la ropa tiene un buen diseño y se vende, podemos utilizar este dinero para pagar al Consultor Zero parte de sus honorarios.
Cuando Pauhlo engorde lo suficiente vendemos la oveja (recuperamos la inversión con ganancias) y lo celebramos.
Alimentar a la sexta oveja es algo despreciable en la solución, ya que todos sabemos que “donde comen cinco comen seis”.
¡Un saludo!
Aitor.
Comentario por Aitor Gayarre — Diciembre 12, 2007 @ 2:19 am