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>On Liberty Goto…

En Uncategorized el junio 21, 2011 por ricardodevis

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En su obra “On Liberty” John Stuart Mill propugnaba una visión utilitarista de la libertad en la que, frente a los derechos naturales del hombre ya exhibidos por Locke, ésta habría de nacer en el ámbito personal privado y limitarse frente al mancomún bienestar. Esta restrictiva concepción recoge la generosa influencia de Jeremy Bentham, para quien la utilidad de una entidad no era sino su tendencia a producir beneficios, ventajas, placer, bondad, felicidad o, simplemente, a evitar sus contrarios. Bentham, padre del utilitarismo, dispuso, y logró, que al morir su cuerpo fuera encapsulado en un “auto-icono”, que actualmente mora en una vitrina de cristal en el University College London y ocasionalmente preside algunas de las reuniones de sus seguidores benthamitas. Y es que si utilitarismo es la maximización del placer y la minimización de la pena, ¿qué mejor ejemplificación que la conversión de un cadáver en un instrumento de orden, aglutinador y catalizador de acólitos? Claro que todos los apóstoles, profetas y versiones de las distintas gamas de dioses (excluido Mahoma, felizmente) han usado del mismo truco utilitarista: la bondad/utilidad que cada uno percibe se basa en el icono perdurable que le imponen. Al decir de Nietzsche, si tras morir Buda su sombra persistió durante cien años, ¿cuántos años resistirá la sombra de Dios? ¿Y cuántos la falaz metáfora del escritorio en nuestros PCs y estaciones de trabajo? El ideal benthamita de procurar el mayor placer posible al mayor número posible de personas se troca, en el ámbito informático, en demagogia mercadotécnica. Los paradigmas (orientación-a-objetos, etc.), metáforas (escritorio, WIMP, agendas, etc.), limitaciones técnicas y desórdenes mentales de los directivos de las distintas empresas llamadas tecnológicas nos inundan pregonando la ilusión utilitarista de que su adopción generalizada habrá de generar felicidad comunal. Lo bueno no es bueno en sí, sino únicamente en razón de su difusión: WinTel es aconsejable porque no es obviable, mientras que Unix no es rechazable porque tanta diversidad aún no es sustituible: el sufijo “able” determina capacitación, que en informática se traduce en extensión y difusión utilitarista. Oh, podemos elegir, pero sólo hasta el punto en que no podamos competir con joint-ventures, organismos de estandarización e iconos de sugestión post-hipnótica. ¿Es bueno Java? Lo es hasta el punto en que se extienda tanto que pueda ser obviamente mejorado. ¿Es malo Visual Basic? Únicamente hasta el límite de su capacidad mercadotécnica. ¿Son racionales las bases de datos relacionales? ¿Existe Internet? Humm, cuando fallezca Bill Gates[1] (o desafortunadamente antes) quizá todos los escritorios de Windows luzcan un icono de diseño que representará a Bill sentado a lo Lincoln, o simplemente un agente inteligente de Internet con gafas cubiertas de flequillo. O quizás Duke domine la iconografía (prepárense para sus historias asexuadas de dibujos animados) ¡Pero no! Realmente los iconos ya están aquí. No tenemos elección: las nuevas políticas de componentes (Java Beans, ActiveX, etc.) proponen un modelo de desarrollo software en que difícilmente caben los independientes. Tanto esquema organizativo y marco estructural va a representar para la informática una suerte de ortografía que, según Toddi, no es más que un “conjunto de reglas arbitrarias que impiden escribir lógicamente”. Oh sí: se ganarán solidez, fiabilidad, tiempo, recursos y capital, pero se enterrará al übermensch nietzscheano, convertido en marginado por su amoral creatividad[2]. Claro que hace tiempo hubo de surgir Apple para devolver a los gladiadores informáticos su derecho a la imperfección y a la peligrosa libertad individual (incluso el bestial precio de $666 fue un acierto). Es, pues, el momento de esperar otra convulsión frutal, si cabe más amarga, antes que haya que aplicar a la informática la canallesca frase que Alejandro Dumas hijo acuñó para las mujeres: “Yo me aburría: he aquí cómo empezó; ella me aburría: he aquí cómo terminó”.



[1] Si tal ocurre, porque cabe la aplicación por Microsoft de técnicas de desinformación kremlinianas/breznevianas, como también es posible que Mr. Gates o Mr. Jobs pasen a engrosar la lista de ilustres reaparecedores (con Elvis), millonarios ubicuos (como Hughes) o congelados lastrantes (como Disney).
[2] El hecho que las grandes firmas consultoras sistemáticamente tiendan a rechazar dar trabajo a los “genios” de las promociones científicas dice bastante de esta actitud corporativista orwelliana.

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