>Si la publicidad, en el sentido que aquí nos ocupa, es la “divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios, etc.” (DRAE), la publicidad con animales no puede ser sino una variación intencional de uso con los mismos fines. Y dado que en publicidad nada es gratuito, el uso de animales ha de suponer, para sus postores, una ventaja competitiva o una ayuda necesaria para conseguir los fines comerciales antes anunciados. Pero, en definitiva, ¿por qué animales? He aquí el motivo y fin de este sucinto estudio. A tal fin, nuestra premisa será que la inclusión de animales en los anuncios publicitarios se debe –a excepción de los dedicados al reino animal: comida, enfermedades, etc.– al “principio de sustitución necesaria”: esto es, la divulgación requerida necesita de actores ajenos al producto divulgado. Pero, de nuevo, ¿por qué animales? Examinemos las razones superficiales, clasificadas en razón de sus sustituciones asociadas:
Claro que la anterior segmentación se complica primero por la mera combinación de apartados (verbigracia, mediante efectos especiales en comparaciones antropomórficas), y segundo por la adición de una característica esencial, presente en más del 63% de los anuncios audiovisuales que utilizan animales: la transgresión de los tabúes sociales por medio de éstos. Y es que si un perro habla no es más un efecto especial, pero si despacha improperios o simplemente se mea en un mueble, entonces sustituye al actor humano que, simplemente, no podría obtener la aceptación del espectador medio tras tales actos[1]. Pero a los animales, a los que se supone irracionalidad insuperable, tal se les consiente, convirtiéndose, así, en los instrumentos del artista/diseñador para ocultar su evidente propósito simplemente diciendo al mundo entero que traspasan su responsabilidad de autores a los inatacables animales-actores. Así, de la misma forma el lenguaje abunda en sustituciones para superar tabúes semánticos (“me cago en diez” utiliza un número frente a Dios, mientras que “jobar” parece camelar al joder) un loro puede ser grosero, una vaca (hembra al fin) estúpida, o un perro defecador infatigable.










Sigues siendo un maravilloso comentarista.Por eso en eso sigues teniendo mi admiración.
Como aclaración para algunos, esta entrada de mi blog es reproducción de un artículo mío publicado en RPP en mayo de 1999 (La Publicidad Animal y cuando en él se dice que 'el lenguaje abunda en sustituciones para superar tabúes semánticos (“me cago en diez” utiliza un número frente a Dios, mientras que “jobar” parece camelar al joder) un loro puede ser grosero, una vaca (hembra al fin) estúpida, o un perro defecador infatigable' evidentemente estoy denunciando, de forma manifiestamente irónica, el uso abusivo que se hace de la publicidad animal para poder vulnerar los límites del decoro social, manifestando lesivas actitudes sexistas o incluso traspasando la línea de protección de la infancia. Esta aclaración me parece innecesaria, pero creo que así evitaré malosentendidos