Archivos de la categoría ‘Consultoría’

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Zero Consulting

In Consultoría, consultores, zero consulting on Diciembre 10, 2007 por ricardodevis

Justo antes de morir un viejo pastor legó a sus hijos su exiguo rebaño de ovejas: la mitad para el primogénito y un tercio para el menor. Pero… ¿cómo repartir así 5 ovejas? ¡Ay! ¿Qué hacer? ¿Cómo liberarse de un problema así? ¡Pues consiguiendo que no sea un problema propio, sino una tarea de otros; consiguiendo que expertos consultores se ocupen del asunto!

Dicho y hecho: los primeros consultores contratados sugirieron que un reparto de 3 y 2 ovejas resultaría lo más apropiado, y aportaron estadísticas sobre la posible satisfacción de padres muertos con tales repartos. Los siguientes consultores decidieron que lo mejor sería trocear a las ovejas y repartir la proporción legada por el estricto criterio del peso, y aportaron baremos ponderados que avalaban esta opción. Los siguientes consultores opinaron lo mismo, pero sostenían que primero habría que matar a las ovejas. No encontrando una solución emocionalmente satisfactoria, los hijos probaron con consultores alternativos: los documentalistas se perdieron primero en la definición de “oveja legada”, y luego de “un medio”; los tecnólogos de nuevo cuño encontraron hasta siete razones distintas para crear redes sociales con el dinero obtenido de la venta de las ovejas; los consultores de ZAP no se presentaron, y a los de Mikroloft les pareció que el balido de las ovejas se asemejaba demasiado a la huella fonética de Gooooooble; por último, a Pauhlo Coeeeehlo el asunto le pareció poco cósmico, aunque aprovechó la experiencia para escribir 2.345 artículos sobre los problemas de comunicación entre padres e hijos que no leyeran al mismo autor, contados por un monje zen siempre rodeado por 5 ovejas.

Así que… ¡Ay, de perdidos al río! Ante tamañas insatisfacciones y desazones, los hijos decidieron probar aquello en lo que nunca habían creído y que habían jurado que jamás pagarían: Zero Consulting. Al día siguiente apareció un consultor que con voz lenta les dijo: “Señores, el problema no importa en sí mismo: lo que importa es la actitud para abordarlo. Túmbense a mi lado que vamos a concentrarnos en…”, y no pudo decir más, porque los hermanos se dieron cuenta de que se trataba, otra vez, de Pauhlo Coeeehlo disfrazado y lo echaron de su casa con prisas razonables. En fin: esa misma tarde el auténtico consultor Zero se presentó con ropa cómoda y sin corbata (venía justo de una reunión en Gipuzkoa) y con una pequeña oveja atada a un cordel, y les dijo: “Señores, el problema no importa en sí mismo: lo que importa es la actitud para abordarlo…” –y cuando vio que los hermanos cogían algunas armas y objetos punzantes (todavía escamados por el asunto Coeeehlo) rápidamente añadió: “así que vengo a regalarles esta oveja”. “Y seguidamente” –prosiguió– “vayamos al problema: ahora contamos con 6 ovejas, de las que corresponden la mitad al primogénito (3 ovejas) y un tercio para el hijo menor (2 ovejas); así que, después de repartir justamente el legado de su padre, les sobra una oveja, que es precisamente la mía (y aquí los hermanos entendieron por qué esta oveja era tan pequeña), así que, si les parece bien, dado que la aporte con buena voluntad y ahora les sobra, podría quedármela y así no me deberían ningún favor”.

Los hermanos quedaron maravillados de la sabiduría del consultor Zero, así que se dispusieron a acompañarle a la puerta de su casa y despedirle entre grandes elogios, cuando el consultor remarcó suavemente: “Parece que se olvidan ustedes de mi pago”. Los hermanos simularon no haber oído nada y empujaron, firme pero también suavemente, al consultor hacia la salida, mostrando a la vez ademanes de prisa y signos visibles de sueño profundo incipiente. Pero el consultor Zero, tal vez esperando el sueño y las prisas, colocó a la pequeña oveja entre el marco y la puerta, forzando así la conversación. “Miren” –les dijo, sonriendo– “mis honorarios son un sexto del caudal total tratado, pero… aquí son cinco ovejas, lo que troca difícil la partición; y teniendo en cuenta una proporción media, yo diría que las cabezas representan la sexta parte del volumen de cada oveja, por lo que podría considerarme pagado con cinco cabezas de oveja”. Oh, dios mío, pensaron los hermanos: hemos repartido bien para dividir mal. Pero rápidamente el consultor Zero les ofreció una salida: “¿Qué tal si les vendo esta oveja… por un precio razonable? Seguidamente, con 6 ovejas en su poder, podrían pagarme un sexto devolviéndome exactamente la pequeña y ruin oveja que les he vendido, por lo que su patrimonio ovejero no disminuiría y, a la vez, me pagarían en razón del precio de una oveja… cuyo tamaño no les importa, porque no se la van a quedar, así que espero un precio más que razonable”.

Tras una breve consideración, los hermanos consideraron justa la proposición y cerraron el trato, así que el consultor Zero volvió a su empresa, devolvió al becario a su pradera y guardó (y lavó) el traje de oveja para que estuviera en condiciones en su próximo proyecto. Es cierto, con todo, que los hermanos, una vez liberados de la –fuerte– influencia electromagnética del consultor Zero, recabaron que la solución adoptada había sido la misma sugerida por los primeros consultores; pero también asimilaron que la diferencia aquí es que se habían cumplido exactamente, sin interpretación, los deseos de su padre, que al fin únicamente habían sido cambiados por dinero, sin que el resto del patrimonio o de la autoestima personal de los hermanos sufriera merma alguna. Además, finalmente habían decidido atar y engordar a Pauhlo Coeeeehlo, demasiado insistente en sus últimas visitas inesperadas a la casa familiar, por lo que pensaron que el balance había sido… ¡Zero! Positivo, al fin (al menos en parte: negativo también, pero sobre cero… ¿qué más da?)

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Míster Furioso

In Cine, Consultoría, Sarcasmo on Enero 21, 2007 por ricardodevis

En la inefable película “Mistery Men” (una de mis preferidas para dar soporte formativo a consultores y ejecutivos, como se comprenderá más adelante), Ben Stiller acomete el que probablemente sea el mejor tonto-papel de su carrera interpretando a un cutre super-héroe cuyo super-poder consiste en enfadarse, en enfadarse muchísimo, con intensidad y dedicación, supuestamente para hacer el bien, aunque, como se ve inmediatamente, tal vez para combatir el mal o, mejor, para generar la percepción de autoridad que un super-hombre debiera desprender. La idea básica subyacente es que tal enfado aplicado a la corrección de una mala acción tiene que ocasionar –forzosamente– el retraimiento de las malas conductas y prácticas; así que Míster Furioso raya con su llave el Mercedes del malvado o hace gestos que le indican que va por mal camino y le instan a pasarse al lado luminoso de la fuerza.

No ha de sorprender, pues, que este personaje se haya convertido en un “icono de culto” entre la élite de la consultoría empresarial, en general; pero no entre toda esta élite, claro, pues todavía se dan muchos seguidores convencidos (sobre todo entre socios y postulantes cercanos) del enfoque “Rain Man”, que consiste –en breve– en mantener una actitud hierática y un mutismo sospechoso (“interesadamente sugestivo” en la jerga autista) durante la totalidad de cualquier encuentro o sesión de trabajo. Algunos malpensados interpretan esta distancia personal como un medio de evitar participar en algo que usualmente tales sujetos no comprenden en absoluto, pero es claro que si fuera así… ¿cómo podrían éstos ocupar cargos importantes en empresas relevantes? Porque parece evidente que la representatividad va unida a la capacidad, como ilustran los ejemplos de Gran Hermano, George Bush Junior o Mickey Mouse (¿Ya comenté mi simpatía inercial hacia “Duffy Duck”, el Pato Lucas, receptor esencialmente incólume de desgracias de personajes bi-dimensionales –dibujos animados– y perenne optimista?). En cualquier caso, tanto para los seguidores como para el voluminoso resto, yo aconsejo utilizar un “espejito capta-alientos” (como los captafaros de los coches, vamos) para asegurarnos (con la discreción hipocrática que merece) que los interfectos siguen vivos al final –o incluso a mitad– de una de tales reuniones. El enfoque “Rain Man” va, con todo, perdiendo adeptos porque sus practicantes, debido a su avanzada edad y a los achaques del Parkinson, Alzheimer y otros justos castigos divinos, están desprestigiando su práctica.

Y ahora, tras la digresión autista, volvamos al hilo inicial. Porque, como ya avancé, Mister Furioso es claramente un modelo-a-seguir para los gestores de proyectos técnicos-tecnológicos y, sobre todo, para los directores de empresas y consultores de prestigio-prestigiado. El super-poder de enfadarse se ha convertido en una meta (inalcanzable, como el comunismo, pero insuperable como dirección) a la que se entregan con fruición directivos y ejecutivos. Así que éstos, como en las películas hongkonesas de artes marciales y para conseguir un adecuado adiestramiento de combate, tienen que iniciarse enfadándose al principio por cualquier cosa: ante una taza, ante sus hijos, tras sus enemigos. Y uno se imagina al mentor de David Carradine (pequeño saltamontes) instruyéndoles: “No, no, mi pequeño consultor; debes prescindir del objeto de tu irritación: tu enfado debe ser independiente de su objeto, del mundo que te rodea. Debes enfadarte desde dentro hacia fuera: respira, irrita; respira, enfada; respira, irrita” y cosas parecidas.

Pero, claro, cuando se llega al primer Dan del enfado, todo empieza a cuadrar y el universo comienza a tener sentido: “Raúl… (enfado VII, postura phi)… ¿no establecimos –nótese el uso irritante del plural– que tenías que acabar tu trabajo (enfado X, gesto épsilon)… ayer? ¡Ay, menos mal que estoy yo aquí para ocuparme! Claro que… (enfado XXV, cejas sigma)… ¿tengo yo que preocuparme de todo en esta empresa? (enfado II, silencio omega)”. Las katas del enfado funcionan y, misteriosamente, la ordenación del mundo se troca personal. Y ahí, ahí es cuando los proyectos comienzan a salir adelante.

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Míster Furioso

In Cine, Consultoría, Tecnología, consultores, enfado on Enero 21, 2007 por ricardodevis

En la inefable película “Mistery Men” (una de mis preferidas para dar soporte formativo a consultores y ejecutivos, como se comprenderá más adelante), Ben Stiller acomete el que probablemente sea el mejor tonto-papel de su carrera interpretando a un cutre super-héroe cuyo super-poder consiste en enfadarse, en enfadarse muchísimo, con intensidad y dedicación, supuestamente para hacer el bien, aunque, como se ve inmediatamente, tal vez para combatir el mal o, mejor, para generar la percepción de autoridad que un super-hombre debiera desprender. La idea básica subyacente es que tal enfado aplicado a la corrección de una mala acción tiene que ocasionar –forzosamente– el retraimiento de las malas conductas y prácticas; así que Míster Furioso raya con su llave el Mercedes del malvado o hace gestos que le indican que va por mal camino y le instan a pasarse al lado luminoso de la fuerza.

No ha de sorprender, pues, que este personaje se haya convertido en un “icono de culto” entre la élite de la consultoría empresarial, en general; pero no entre toda esta élite, claro, pues todavía se dan muchos seguidores convencidos (sobre todo entre socios y postulantes cercanos) del enfoque “Rain Man”, que consiste –en breve– en mantener una actitud hierática y un mutismo sospechoso (“interesadamente sugestivo” en la jerga autista) durante la totalidad de cualquier encuentro o sesión de trabajo. Algunos malpensados interpretan esta distancia personal como un medio de evitar participar en algo que usualmente tales sujetos no comprenden en absoluto, pero es claro que si fuera así… ¿cómo podrían éstos ocupar cargos importantes en empresas relevantes? Porque parece evidente que la representatividad va unida a la capacidad, como ilustran los ejemplos de Gran Hermano, George Bush Junior o Mickey Mouse (¿Ya comenté mi simpatía inercial hacia “Duffy Duck”, el Pato Lucas, receptor esencialmente incólume de desgracias de personajes bi-dimensionales –dibujos animados– y perenne optimista?). En cualquier caso, tanto para los seguidores como para el voluminoso resto, yo aconsejo utilizar un “espejito capta-alientos” (como los captafaros de los coches, vamos) para asegurarnos (con la discreción hipocrática que merece) que los interfectos siguen vivos al final –o incluso a mitad– de una de tales reuniones. El enfoque “Rain Man” va, con todo, perdiendo adeptos porque sus practicantes, debido a su avanzada edad y a los achaques del Parkinson, Alzheimer y otros justos castigos divinos, están desprestigiando su práctica.

Y ahora, tras la digresión autista, volvamos al hilo inicial. Porque, como ya avancé, Mister Furioso es claramente un modelo-a-seguir para los gestores de proyectos técnicos-tecnológicos y, sobre todo, para los directores de empresas y consultores de prestigio-prestigiado. El super-poder de enfadarse se ha convertido en una meta (inalcanzable, como el comunismo, pero insuperable como dirección) a la que se entregan con fruición directivos y ejecutivos. Así que éstos, como en las películas hongkonesas de artes marciales y para conseguir un adecuado adiestramiento de combate, tienen que iniciarse enfadándose al principio por cualquier cosa: ante una taza, ante sus hijos, tras sus enemigos. Y uno se imagina al mentor de David Carradine (pequeño saltamontes) instruyéndoles: “No, no, mi pequeño consultor; debes prescindir del objeto de tu irritación: tu enfado debe ser independiente de su objeto, del mundo que te rodea. Debes enfadarte desde dentro hacia fuera: respira, irrita; respira, enfada; respira, irrita” y cosas parecidas.

Pero, claro, cuando se llega al primer Dan del enfado, todo empieza a cuadrar y el universo comienza a tener sentido: “Raúl… (enfado VII, postura phi)… ¿no establecimos –nótese el uso irritante del plural– que tenías que acabar tu trabajo (enfado X, gesto épsilon)… ayer? ¡Ay, menos mal que estoy yo aquí para ocuparme! Claro que… (enfado XXV, cejas sigma)… ¿tengo yo que preocuparme de todo en esta empresa? (enfado II, silencio omega)”. Las katas del enfado funcionan y, misteriosamente, la ordenación del mundo se troca personal. Y ahí, ahí es cuando los proyectos comienzan a salir adelante.