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Integración Realmente Simple… ¡mediante Feeds!

LinkedIn y las Mixturas Profesionales Compulsivas
Cuando LinkedIn aconseja no entablar relaciones con nadie a no ser que se conozca de forma fehaciente… no se trata de un simple aviso, sino del mantenimiento de la utilidad de su propia red. Se supone que tal red ha de servir para ampliar las relaciones a terceros por medio de intermediarios que conocen a alguna de las partes y que responden de ella. Sin embargo algunos (cada vez más numerosos) usuarios gustan de acumular contactos para ser calificados de “Powerful Networkers” y así, en teoría, poder alcanzar personas o colectivos de interés con supuesta facilidad.
Pensemos en el reclutador de una agencia de colocación, más o menos elitista: disponen de miles de conexiones alcanzadas mediante la seriedad que presta Linkedin a las comunicaciones entre usuarios: “Soy fulano, directivo de la empresa X, y me dedico a Y. He visto tu perfil y quizás algunos de nuestros servicios te puedan interesar, pero, en todo caso, te ofrezco enlazar con mi cartera de contactos y bla bla bla”. Y uno está tentado de contestar que sí, que por qué no solicitar el enlace con esa persona y tener así acceso a miles de perfiles adicionales por un costo nulo. Pero, claro, LinkedIn es una red profesional, y ése es un comportamiento más propio de una red social, como Facebook, en la que se pueden acopiar miles de amigos virtuales (es decir, contactos desconocidos, en su mayoría, fans o no). Veamos qué puede ocurrir si en algún momento necesitamos acceder a un perfil nuevo o a un empleo publicitado mediante uno de estos “acaparadores de contactos”:
- Hola, soy Mengano –dices tú–. Establecimos contacto hace tiempo y aunque no hemos tenido demasiada relación, por no decir ninguna, un empleo que me interesa depende de un contacto de tu red; así que te agradecería que me presentaras o me recomendaras para el puesto.
- Hola, Mengano –responde él–. La verdad es que a ese contacto no lo conozco bien, pues sólo mantuvimos breves correos “para conectar”. Pero, en todo caso, tampoco te podría “exactamente recomendar”, pues nos conocemos bien poco tú y yo. Aunque… quizás… si me explicas algo de tu proyecto yo pueda realizar algún tipo de acción, pero no es seguro. En cualquier caso, tal vez pueda invitarle a enlazar contigo y bla bla bla.
¡Claro! El problema es que se está usando una red profesional basada en la confianza que da el conocimiento… para favorecer la vanidad de poseer contactos por doquier, intentando explotar la impronta de seriedad que acompaña al correo interno en tal servicio… ¡de momento!
Se podría argüir que quizás hiciera falta que LinkedIn (y otros postores, como Xing y compañía) habilitaran una segmentación de los contactos (de forma parecida a como hace Plaxo), de manera que se pudiera elegir a qué grupo contactar para según qué cosa: amigos, conocidos, colegas o contactos profesionales de valía. Pero… ¡espera, espera! LinkedIn es una red para lo último, para los contactos profesionales y empresariales no ligados a los otros segmentos, así que… ¿Por qué no agrupar al resto en otras redes, como mySpace, Facebook o Twitter? Y es que si LinkedIn procurara tal fragmentación de los contactos, cuando se produjera la solicitud de una presentación (como en el caso anterior mostrado), ¿en calidad de qué se diría que se da tal? ¿Como amigos o conocidos? Eso no tiene sentido, pues LinkedIn se sustancia en la extensión del conocimiento personal de uno hacia otros de la misma red.
Así que… ¡no sean sociales en LinkedIn! ¡Sean profesionales! Esto es, a fin de cuentas, lo único que se espera en esta red, como lo que se espera en un cine es que los demás estén callados J.

¡E…special!
No me pude resistir al reclamo comercial: “Leslie cree que es un superhéroe. El resto del mundo simplemente cree que es un superimbécil”. La película “Special” es especial en muchos sentidos, porque publicita a su protagonista (un medido Michael Raraport) por encima de su director (directores, vamos), y… espera, espera: esto es lo usual cuando los directores no son estrellas y el argumento no se puede resumir bien (la sinopsis en el DVD es… está… absolutamente equivocada
). Al fin, se trata de una película mediocre, pero tierna en su voz en off; mediocre pero tremendamente sugestiva

Que te… ¿qué? ¡Ah, no! ¡Keteke… Beta! ¡Ay! ¡Lo siento! :(
Como parece haber hecho siempre, Telefónica, en la Web, se encamina hacia un lugar… ¿sorprendente? ¿misterioso? ¡No! ¡No hay misterio aquí (lamentablemente)! Keteke es la nueva apuesta para ganar… ¿qué? Pues usuarios, claro: se trata de Web 2.0 (o superior) y de Telefónica 1.7 (subiendo). Así que se trata de una novedosa (!?) red social que… bla-bla-bla y… ¡Ay! Lo de siempre, pero a la manera Telefónica, claro.
Keteke-Beta (desde que la presunción de premura se ha convertido en índice de novedad atractiva; desde que se apreció que en Google casi todo es Beta y funciona… ¡ay! ¡versiones beta a mansalva!) es una red social que se centra en… ¿el usuario? ¿en sus relaciones? ¿en su estado/status? ¡Pues claro que no! ¡Se focaliza en la funcionalidad! Bueno, más bien en el acopio de funcionalidades conocidas: KetekeCity (al modo Second Life), Galería (a la manera… iba a decir Flickr, pero… ¡es ya tan común!), Mis Mensajes (e-mail restringido), Imagenio/Móvil/PC, Mis amigos (lo e-social típico, vamos), Mi Perfil, y… vaya, casi de todo. Claro que… ¿a quién le importa la acumulación funcional? ¡Pues a los analistas funcionales, claro!
El problema (como casi siempre en estas iniciativas) reside en el Diseño de Interacción: bueno, realmente en su carencia. Y me explico: se exige un apodo, pero el acceso se dará por el número del móvil; se establece la clave por SMS… en la Web; en mi perfil se dice… “Estás aquí: Mi perfil / Mi perfil / devis” y… ¡ay, ay, ay! En mi perfil aparecen dos epígrafes (Últimas Fotos y Últimos Vídeos) con la etiqueta común “No hay contenidos para mostrar”, todo circundado por… ¡qué sé yo! Tres columnas de anchura fija y la sensación de que estamos en una red social de segunda división.
Pero me explico mejor: si se hubiera dado Diseño de Interacción (ID: Interaction Design) mediante escenarios de comportamiento… se podrían haber publicado para validar sus presunciones no con un Focus Group (coincido con Google en obviar a este tipo comunal) sino con los usuarios de hecho. Y es que, de hecho también, los escenarios de interacción de ID reflejan (deben reflejar) las presunciones de uso del producto software en lenguaje natural… ¡legible! Y, además, basándose no en lo que se ofrece (la funcionalidad), sino en el comportamiento plausible de sus posibles usuarios: así que la prueba de que se han aplicado técnicas de ID es que… ¡se muestran en el sitio Web que las escenifica! Si los escenarios de interacción no se publican es… ¡que no existen! Tan fácil, tan claro, tan difícil, tan… tan, tan tan: claro, así tenemos sitios [tan] chiripitifláuticos.

Frecuentregables
Los entregables (deliverables), como concreción de los hitos en proyectos tecnológicos, son huesos duros de roer, tanto para el que los emite y desea cobrarlos, como para el que los contrató y tiene que validarlos. Si los entregables son piezas de código no se genera tanta tensión, pues, salvo contadas y honrosas excepciones, se espera que el software entregado funcione, por lo que con tal prueba (y con independencia de la bondad de los procedimientos, unitarios o funcionales, que corroboren este “buen comportamiento”) se libera la ansiedad entre contratante y contratado, que viene a ser sustituida por otra, tal vez más agobiante, relacionada con los plazos. Pero, ¡ay!, si los entregables son documentos, entonces… ¡que San Tito nos asista, a todos!
Para intentar lidiar con esta inquietud (“desinquietud”, que diría mi madre) los documentos de un proyecto tecnológico/software (especificaciones, requisitos, escenarios, análisis, diseños, etc.) han sido sometidos históricamente a distintos enfoques asociados a su evolución respecto del ciclo de vida total de los proyectos mismos. Tales enfoques, esencialmente pasados por agua, se pueden resumir en los siguientes:
Cascada [entregables rígidos]: cada fase pre-establecida genera documentos que se asemejan a cubos de platino-iridio (incluso en el precio), pues pueden ir cayendo por la cascada, entre piedras y fases, y no modificarse en absoluto. Resulta ideal para los contratados, pues siempre se puede elaborar un documento correcto cuyo alcance no cubra su presupuesto, pero el contratante nunca podrá validar que está completo ni que, por tanto, se ajusta a sus necesidades.
Fuente [entregables flexibles]: los documentos son bien rocas bien trozos suficientemente sobados de plastilina, con cierta intención de forma inicial, y se espera que limen sus aristas y adquieran su forma de cantos rodados tirándolos muchas veces arriba y abajo, contra el suelo, contra ellos mismos. Se trata de un modelo similar al de la cascada, a la que se ha añadido un costoso procedimiento para subir las piedras y lanzarlas de nuevo, desde el principio o desde cualquier parte de la cascada. Para los consultores, tal costo adicional (de subida) debiera asumirlo el cliente, así que se parapetan en una política clara: la cascada es suya y las piedras son del cliente una vez que las aprueba, así que si hay que realizar cualquier esfuerzo posterior… ¡que lo pague el contratante, pues se deberá a su propio error de apreciación! Así que el resultado final de estas técnicas, asociadas a OORA/OOA/OOD suele ser… ¡el mismo que en el enfoque de cascada! Pero, eso sí, se admiten pequeños cambios en los documentos que no supongan costes significativos para el contratado.
Granizo [micro-entregables rígidos]: como consecuencia del esquema intermedio anterior, los clientes deciden limitar su riesgo troceando las piedras grandes en gravilla, que podrá ser así controlada mejor y validada con mayor seguridad: tal es lo que proponen los Métodos Ágiles. El problema es que, por tratarse de documentos tan cortos (micro-escenarios de negocio, objetivos concretos, etc.), se establece de antemano que una vez aprobados cualquier cambio supondrá… ¡un nuevo documento! Así que no hace falta motor hidráulico para devolver las piedrecitas a la cascada: se trata de granizo que cae del cielo, sólo desde arriba hacia abajo. Y, usualmente, causa parecido daño.
Al final uno no sabe qué es peor (o mejor); sobre todo en las AAPP, que por sus características de contratación tienen que anticipar los métodos en los que enmarcar los entregables. ¿Hay solución? ¡Pues claro! El problema reside, precisamente, en que los anteriores esquemas se centran en el marco metódico de composición, entrega y validación de los documentos, en lugar de centrarse en su generación práctica (no metódica); así que si cambiamos el foco de atención y lo dirigimos hacia objetivos prácticos, tal problema deja, en muchas casos, de tener sentido.
Lo que aquí propugno es la imposición de “frecuentregables”: es decir, de entregas frecuentes de documentación, ¡pero no de documentos!, configurando así una suerte de [micro-entregables flexibles]. Pasemos, sin más, al lado luminoso de La Fuerza.
El mayor problema de los documentos es que una vez terminados de redactar difícilmente pueden ser reformulados o cambiados esencialmente –al menos por sus autores–, sino tan sólo levemente modificados o matizados. Por otro lado, para el revisor, leer un documento implica asumir paulatinamente su estructura, de forma que finalmente se introducen correcciones pequeñas, que el consultor solventa y vuelve a presentar, de forma que a cada corrección resuelta se torna más difícil echar atrás un documento. Por fin, la tarea de revisión se realiza a golpes, sobre mucho trabajo anterior, sobre muchas páginas y bajo demasiado riesgo. Para evitar esto hay que forzar a que el contratante tenga acceso, en todo momento, a cualquier texto redactado por el contratado, de manera que cada día se cuente con el diferencial de lo hecho el día anterior (la funcionalidad de revisión de MS Word y similares –como la línea base de los ficheros MS Project– es fantástica a este fin); y esto sólo se consigue cuando no se trabaja con un fichero en local que se “sube” a un servidor en un momento dado (o, peor, se envía por correo electrónico): se consigue cuando el fichero está, directamente, en un servidor de ficheros (wiki, MS Sharepoint, MS Groove, etc.). En definitiva, se deben imponer las siguientes normas:
· Una versión de trabajo de un documento es, simplemente, la que supone cualquier modificación respecto del documento previo. Una versión estable es aquella que, de entre todas las de un documento, se ha calificado así en un momento dado y sirve para asegurar emocional y presupuestariamente su uso como referencia temporal de otros documentos y trabajos. Un hito será una versión estable solo-lectura.
· Las versiones de trabajo siempre residirán en el servidor, y se actualizarán directamente allí ante cualquier cambio, por pequeño que sea. Si las versiones se aportan sin que haya control de cambios (bien por el programa en sí, como MS Word, bien por el sistema de soporte –por ejemplo, un wiki), se rechazarán sin más explicaciones (hacen perder el tiempo al revisor).
· Si se aportan versiones cuya diferencia respecto de los ficheros anteriores sea excesiva (muchas páginas), se considerará que el contratado no ha “colaborado ofimáticamente” con el contratante, y se rechazará de plano el documento completo, que deberá ser re-redactado mediante pequeñas adiciones, cada una de ellas sujeta a revisión.
· Las carátulas, hojas de aprobación, dibujitos, etc. no tienen mucho sentido en este esquema, así que, en lo posible, se relegarán a versiones estables e hitos.
· La propiedad de los documentos es siempre del contratante, por lo que, con independencia de su autoría, autoriza su modificación por cualquier integrante del proyecto, sin restricciones (asumiendo que se cuenta con un sistema de versionamiento razonable).
· No se eliminará ningún documento en ningún momento, bajo ninguna circunstancia. Tan sólo se versionarán, incluso mediante un documento intencionadamente en blanco, con la mención “eliminado” y una explicación de la causa de esta acción.
· No se darán aprobaciones expresas sobre versiones de trabajo: tan sólo modificaciones o vetos.
De esta forma se eliminan muchas de las dudas y quejas relacionadas con la elaboración de documentos: las copias desde “trabajos anteriores” (el celebérrimo “copy-n-paste” de las consultoras de prestigio) se tornan más costosas que su elaboración desde cero (es ciertamente difícil simular que se está redactando un documento que ya está redactado; y, además, en cada adición se puede producir un cambio de rumbo, sin lastre moral o presupuestario para el revisor); el ajuste, por otro lado, con la situación concreta a modelar (el objeto de la contratación) podrá ser revisado mejor así; adicionalmente, y sin necesidad de controles presenciales, se podrá controlar mejor la evolución del proyecto, simplemente estimando el diferencial de trabajo realizado de un día a otro, y no respecto del total del proyecto; y, por último, el contratante dispondrá con mayores eficacia y eficiencia de su tiempo, adaptando las revisiones a su agenda de tareas.
La idea es muy simple: ante alguien que te debe un millón de euros y no te paga porque prefiere pagarte de golpe (o en dos o tres golpes), uno confía más en el que te paga 100€ al día, en tanto sobrevienen “los golpes”. Y aquí, como saben contratantes y contratados, también se trata de euros.

Exordio
Quizás sea ésta la oportunidad definitiva que me fuerce a escribir, a pergeñar digresiones diarias sobre lo que acontece y… no, no… tal vez sobre lo que yo percibo que ocurre, sobre lo que siento y lo que… no, no. No. Más bien me decantaría por una suerte de escritura automática (al estilo de la demolición al plátano surrealista, o como Los Campos Magnéticos a dos solas manos). O me invadirá la pereza. O la indolencia. O ambas en procesión. O simplemente acabaré relegando esta iniciativa, archivándola donde muchas otras, sujeta al “ya veremos” o al “cuando tenga tiempo” y “me apetezca” (como cuando se medita -levemente, claro- sobre la pulsión sexual o la tecnología). O sea: nada nuevo sino un impulso. O varios
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